En un contexto global de reducción de la natalidad, en Argentina registró entre 2014 y 2024 la caída de nacimientos más pronunciada de su historia: 46% en solo una década. El cambio es ante todo sociocultural, impulsado por una transformación en las expectativas, prioridades y proyectos de vida de las nuevas generaciones.
Hoy, sólo el 46% de los argentinos valora la maternidad y la paternidad como elementos muy importantes para una vida plena, frente al 77% que lo hacía en 2015: una caída de 31 puntos porcentuales en diez años, según un estudio longitudinal del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.
La reducción también se manifiesta en la tasa promedio de hijos por mujer. Datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) sitúan la tasa de fecundidad en Argentina en aproximadamente 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1. En 2023, la tasa era de 1,33, mientras que informes anteriores la indicaban en 1,4, evidenciando la velocidad del cambio demográfico.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina. Según la revisión 2024 de World Population Prospects de la ONU, la fecundidad global se sitúa actualmente en 2,25 hijos por mujer, una reducción notable desde los 3,31 en 1990. Más de la mitad de los países del mundo ya tienen tasas inferiores a 2,1, y cerca de uno de cada cinco presenta niveles de fecundidad “ultra baja”, por debajo de 1,4 hijos por mujer. Entre ellos se encuentran China, Italia, Corea del Sur y España.
En este marco, durante el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR 2026), que se desarrollará en Buenos Aires del 16 al 18 de septiembre, se abordará la dimensión sanitaria vinculada al fenómeno demográfico. La discusión se centrará en que, mientras las familias se vuelven más pequeñas y la maternidad se pospone para edades mayores, el conocimiento sobre el envejecimiento reproductivo y las herramientas disponibles para preservar la fertilidad no siempre se comparten de manera anticipada.
CAMBIOS EN LOS PROYECTOS FAMILIARES
Los cambios en los proyectos familiares son evidentes, y muchas mujeres eligen postergar la maternidad. “Es importante que esa decisión sea informada. Una mujer puede no saber a los 28 o 30 años si desea ser madre, pero debería ser consciente de que su fertilidad no se mantendrá igual indefinidamente”, agregó Pasqualini.
Los especialistas destacan que planificar la vida reproductiva no implica promover la maternidad ni obligar a tratamientos de fertilidad. Se busca incorporar la fertilidad en la conversación sanitaria, de manera similar a la inclusión de la anticoncepción durante décadas. Se trata de brindar información para que cada persona pueda decidir si quiere tener hijos, cuántos y cuándo.
La edad es uno de los principales determinantes de la fertilidad femenina. Con el tiempo, la cantidad de ovocitos disponibles y la calidad de los mismos disminuyen, especialmente a partir de los 35 años. La reproducción asistida puede abordar diversas causas de infertilidad, pero no puede revertir el efecto del envejecimiento de los óvulos.
La criopreservación ovocitaria mediante vitrificación surge como una opción dentro de una estrategia de planificación. Este procedimiento permite conservar óvulos a temperaturas extremadamente bajas, preservando su calidad.
Desde la asociación de pacientes Concebir, que cumple 30 años este año, se enfatiza que detrás de las estadísticas hay historias diversas y decisiones que no siempre son completamente libres: “Hay personas que desean tener hijos, pero postergan la búsqueda por diversas razones, incluyendo las condiciones económicas o personales. También hay quienes, después de tratar de concebir, deciden no buscar un segundo embarazo por el desgaste que implica“, señaló Ana Claudia Ceballos García, presidenta de Concebir.
Fuente: Minuto Uno

